¿Para qué estudiar matemática?

Bueno, algunos de ustedes capaz que ya leyo esto en mi facebook, lo publique anoche, pero para darle la ra-apertura a mi blog, decidi empezar con extractos de “Matemáticas…¿Eetás ahí?”. Para mi es uno de los mejores libros (de los pocos que he leido) y la verdad es que leerlos te abren bastante la cabeza y te ayudan a reflexionar sobre cosas de la vida. Espero que les interese esto tanto como a mi y que si el mensaje les llega hagan el esfuerzo de leerlos. Sin mas preambulos, les dejo el articulo que aparece al final del la 4º edicion de la coleccion (se llama episodio 100)

Usted, ¿sabe manejar? Si sabe, en algún momento tuvo que pasar la tortura del aprendizaje. Si no sabe, igual va a entender el ejemplo que sigue, porque lo va a relacionar con alguna otra cosa. Sígame por acá. Cuando alguien nos enseña a manejar, uno parece descoordinado, con problemas motrices, con dificultades para retener lo que se nos dice: mirar para atrás, poner primera, mirar para los dos costados, ir acelerando con el embrague apretado, ir soltando el embrague, coordinar ambos movimientos de modo tal que el auto no corcovee ni se plante, no soltar las manos del volante, mirar para adelante ahora, y encima, cuando todo parece que ya funciona… ¡hay que poner segunda!¿Cómo segunda?
Y todo lo del principio que tanto me costó… ¿ya no sirve más? Eso sin contar los escandalosos gritos de quien está al lado en el supuesto papel de copiloto/entrenador.
Sin embargo, por más que haya dificultades, por más trabas que aparezcan en el camino, el premio lo vale. Es decir, uno quiere aprender a manejar, porque vale la pena. Es mejor sabe manejar que no saber hacerlo.
De la misma forma, uno quiere aprender a usar una computadora, a navegar en Internet, a bajar música para un iPod, a manejar un reproductor de DVD, o utilizar con destreza un videojuego, o una filmadora… O cualquier aparato o artefacto electrónico que requiera cierta destreza o habilidad (usted agregue cualquiera de los ejemplos que me faltan a mí).
En cada uno de esos casos hay un objetivo que uno quiere cumplir. <Uno sufre el proceso de aprendizaje, se frustra un poco (o mucho), pero uno quiere. Y punto. El resto, poco importa. ¡Y ésta es la clave de lo que pasa con la matemática! Uno no quiere hacer el esfuerzo, o mejor dicho, no quiere hacer ningún esfuerzo, porque no entiende ni por qué ni para qué valdría la pena hacerlo. ¿Qué hay del otro lado del camino por lo que valdría la pena invertir tiempo, esfuerzo y malasangre? Y la respuesta es que, como uno no ve la potencial ganancia, no está dispuesto a hacer un esfuerzo, ni tolerar ninguna frustración.
La matemática, tal como se enseña, no seduce a nadie. Es como si nos obligaran a querer lo que no queremos. Y por eso la rebelión de los jóvenes, que se resisten y la rechazan. ¿Acaso no le pasó lo mismo a usted?
Nadie (en su sano juicio) quiere aprender nada si no entiende que al final del camino tendrá algo que lo mejore, lo capacite, le agregue alguna destreza que no tiene o bien le permita disfrutar más
de la vida.
Cuando uno está en el proceso de aprendizaje de cualquier actividad, repite las reglas en forma automática, con miedo a equivocarse y respetando “lo que dice el manual”, sin creatividad: uno es sólo un “repetidor”. Con el tiempo, con la experiencia, con la práctica, se permite no mirar el teclado mientras escribe, ni prestar atención al embrague cuando maneja, ni a los escalones cuando sube o baja una escalera ni a mantener el equilibrio cuando maneja una bicicleta, etcétera.
Si bien no soy cirujano, intuyo que no es lo mismo operar el primer corazón o el primer cerebro que el número cien. No es lo mismo enfrentar una cámara con millones de espectadores la primera vez en un programa en vivo que hacerlo en la décima temporada ininterrumpida. Ni hacer aterrizar un Jumbo con 400 pasajeros después de una década de hacerlo sistemáticamente. La experiencia permite que uno pueda crear, hacer piruetas en el aire, porque la experiencia es la que provee la red que nos vuelve valientes.
Uno pone un gran esfuerzo para aprender a leer y a escribir, pero ese esfuerzo, a la larga, paga. Uno tiene más oportunidades en la vida si está alfabetizado que si no lo está. Y eso se entiende bien, y si uno no lo entiende, lo entienden los padres.
La matemática no cuenta con adeptos porque uno nunca logra atravesar la etapa de los palotes o de las letras, y nunca llega a los poemas, a las novelas, a las historias de princesas o a la ciencia ficción. En definitiva, uno nunca llega al punto de poder usar su creatividad. No parece haber nada por hacer, como si todo estuviera contestado, todo dicho… Y no sólo no es así, sino que todo lo que hay por descubrir o inventar es de un volumen increíble. Miles de matemáticos en todo el mundo piensan problemas cuya solución se ignora, y no sólo hoy, porque hay preguntas que se plantearon hace cuatrocientos años y aún no se sabe qué decir al respecto.
Es hora, entonces, de buscar diferentes maneras de seducir y de mostrar que “el mundo del revés” que contiene princesas, panteras rosas y pájaros locos está de este lado también. Del de la matemática, digo.

5 respuestas a ¿Para qué estudiar matemática?

  1. brunobian dice:

    que no te guste no significa que sea crap…ya vas a ver la gente que entre y comente en tu contra…😛

  2. fito dice:

    BUenaa gordoo,, estoy con voss (Y)

  3. Frannco dice:

    lo que comente en mi contra son igual de freakis que vos

  4. Brunobian dice:

    fito entendio mal la idea… asique esta de tu lado

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